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Con crisis de por medio y sin ley que regule el sector, la industria de los juegos de azar y apuestas deportivas online tuvo, de todos modos, un 2009 con grandes resultados. El negoció no dejó de crecer, tanto en ganancias como en cantidad de usuarios, y sigue en expansión.

El informe de la Asociación Española de Apostadores por Internet (AEDAPI) da detalles sobre esta evolución. Las cifras para España son las que siguen: 20% más de ganancias que en el 2008, lo que significa 260 millones de euros, y un 40% más de usuarios, que llegan a los 280.000. El sector de mayor crecimiento ha sido el de las apuestas deportivas, cuyas ganancias superaron los 90 millones de euros. Luego encontramos el poker, con 65 millones, mientras que el resto de los juegos generaron, en conjunto, una ganancia de más de 100 millones de euros.

El crecimiento de las apuestas deportivas, que no se detiene, fue, en parte, fruto de un egocio paralelo de las casas de apuestas: el patrocinio de clubes de fútbol. Empresas como Bwin, Unibet, William Hill y 12bet.com invirtieron más de 30 millones de euros para que sus nombres aparecieran asociados a los de los más importantes clubes de fútbol de Europa. En España han concertado alianzas económicas con el Barça, el Real Madrid, el Sevilla, el Málaga, Espanyol y el Valencia, por ejemplo. El logo de las casas de apuestas aparece en la ropa de los jugadores y en el campo de juego, y esto hace que sea fácilmente reconocible para el aficionado.

El fútbol es, habitualmente, el deporte que se lleva la mayor parte de las apuestas. Con el advenimiento del próximo Mundial en Sudáfrica se espera que la cifra de apuestas deportivas aumente mucho más. Se calcula que las ganancias para este año superarán los 300 millones.

Con respecto a la legislación, el gobierno español se ha comprometido a presentar en los próximos meses el Proyecto de Ley que regulará la actividad. Sin embargo, es poco probable que se haga efectiva antes de los primeros meses del año próximo. Sacha Michaud, presidente de AEDAPI, sostiene que una buena regulación beneficiará tanto al Estado, como a empresas y usuarios del sector. Cree que lo ideal sería una regulación europea, pero todavía no se ha podido lograr un proyecto común. Como regulación nacional, se inclina por la inglesa, que es estricta pero a la vez permite la expansión a las empresas reguladas.