Las apuestas existen desde que existe el juego. Es decir, desde tiempos inmemoriales. Aunque con el paso de los siglos haya ido tomando formas diferentes, la apuesta existe mientras haya alguien que gane o pierda algo, ya sea dinero o especies (¿quién no ha apostado alguna vez una invitación a comer, por poner un ejemplo?)
En el siglo XVIII, por ejemplo, las apuestas eran casi privativas de una determinada clase social y sus actividades recreativas. La nobleza inglesa sabía mucho de esto: las carreras hípicas eran uno de los ámbitos donde las apuestas eran algo común y corriente, y la mayoría de estas carreras se relacionaban íntimamente con la nobleza y la aristocracia, como sucede con las de Ascot, circuito que es propiedad de la Corona inglesa.
Los casinos reinaron en el siglo XIX. La Costa Azul era el destino turístico preferido de los ricos y famosos de la época, y casinos como los de Cannes, Montecarlo, Niza o Biarritz representaban todo lo glamoroso y espléndido de la sociedad. Fue una época de oro para la ruleta y los juegos de naipes, y el dinero fluía en las mesas donde la aristocracia de toda Europa movía fichas y relaciones.
Llegado el siglo XX, y más específicamente los años ’30, cuando la Gran Depresión asoló Estados Unidos y gran parte de Europa, las apuestas se movieron a otros andariveles. Fue una época en que las apuestas se hacían en los bordes de la marginalidad. Las peleas de box de poca monta eran los sitios preferidos de los corredores de apuestas para hacer su negocio, mientras los que ya habían perdido las esperanzas de una solución usaban las tarjetas de apuestas como pasaporte para salir de la miseria. El dinero, casi siempre, se lo llevaba alguien más.
Y henos aquí, ya en el siglo XXI, la era de los medios de comunicación, de internet, de la globalización, de lo instantáneo… y las apuestas. Así es: hoy más que nunca, las apuestas han pasado a ser el entretenimiento favorito de millones de personas en el mundo. Y millones también (pero de dólares o euros o la moneda que sea) son los que se mueven anualmente en un negocio que no cesa de crecer. El año 2009, a pesar de la crisis económica (o, justamente, por causa de la crisis económica) las casas de apuestas online han visto crecer sus ganancias, al contrario de lo que se podría suponer. Es que, para muchos, apostar sigue siendo la mejor opción para “salir de pobre”, dadas las circunstancias.
Si a esto le sumamos las inmensas posibilidades que da internet, es explicable que las apuestas sean el mejor negocio del momento (o uno de ellos, por lo menos). Apostar por internet es fácil, cómodo, rápido, y está al alcance de todos. Basta un click para apostar en un partido que tendrá lugar en pocos minutos más del otro lado del mundo. O en una carrera de F1 que se correrá dentro de varios meses. O al ganador de los Oscars, o de Gran hermano, o de Factor X, o… las posibilidades son infinitas. Y no hay que ser un entendido para apostar: la información necesaria está, también, al alcance del mouse.
A algunos les resultará indiferente esta posibilidad. Otros, agradecerán a internet cada día (algunos apostadores, todas las casas de apuestas). Pero todos estamos inmersos en la era digital, y nada de lo que suceda en ese mundo nos es ajeno.




